Quilmes High School

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Reflexionemos

A veces los padres nos sentimos desconcertados

A veces los padres nos sentimos desconcertados ante diferentes situaciones. Es común que ante el ímpetu, el ritmo   y cierta  demanda que la sociedad nos impone, uno pierda distancia  y no tome las decisiones acertadas. Muchas veces nos vence la famosa frase de "si todos lo hacen…" o "si todos van…" o "si todos lo miran…" o "si todos lo usan… será que está bien".

Las maestras del Jardín Quilmes High School pensamos que los chicos  se benefician cuando los padres y maestros actuamos "convencidos" (no "vencidos") de que nuestras decisiones son las correctas para cuidarlos bien.

A veces  la confrontación de ideas nos ayuda a ver más allá, a no conformarnos con lo "común" y buscar mejor calidad de pensamiento   para  transmitir a nuestra vida y a la de nuestros hijos.

"Reflexionemos" es un espacio creado para expandir ideas y propone temas de análisis y debate   que no pueden faltar entre quienes se preocupan por brindar algo mejor.

Kindergarten staff

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Las escuelas descubren vocaciones / Ya hay 21 agrupaciones infantiles y juveniles en el país

La música puede cambiar la vida
Ser parte de una orquesta enseña a los chicos a trabajar en grupo, tener hábitos de estudio y lograr objetivos

Domingo 4 de julio de 2010
Laura Casanovas (Diario La Nación)

Hasta los 18 años, cuando Macarena escuchaba el sonido del violín en una grabación musical le parecía un instrumento inalcanzable. Hoy, cuatro años después, el violín no sólo es parte de su actividad cotidiana, sino que la música le cambió la vida.

"Pienso en todo lo que logré gracias a la música y no lo cambio por nada. No imagino la vida sin la orquesta." Macarena Mendoza, de 22 años, se refiere a la orquesta sinfónica juvenil que funciona en la Escuela N° 501 de Florencio Varela, en la cual es violinista desde hace cuatro años. Es una agrupación que reúne a 65 chicos de entre 9 y 24 años, cuya sonoridad LA NACION pudo disfrutar durante uno de sus ensayos.

Es uno de los grupos que forman parte del programa Orquestas y Coros para el Bicentenario, que hace dos años puso en marcha el Ministerio de Educación nacional, destinado a escuelas ubicadas en zonas de alta vulnerabilidad social de todo el país. La iniciativa propone a la música como herramienta de transformación social para mejorar el acceso de los alumnos a los bienes culturales, tender puentes hacia la reinserción en la escuela, colaborar en la retención escolar y estimular el contacto y disfrute de la música.

El desafío de poder

La orquesta de Florencio Varela, que comenzó en 2005, pertenece a la Dirección General de Escuelas bonaerense y trabaja en articulación con el programa del Ministerio nacional. Se trata de un proyecto que incluye varias orquestas además de la sinfónica juvenil, como la sinfónica infantil, la de jazz y la de tango, más un coro de niños, otro de adolescentes y adultos, y un taller de luthería. La propuesta está bajo la conducción del director Osvaldo Aguilera, que comenzó hace tres años con 15 alumnos y ya suma 800.

A Osvaldo, un hombre de hablar pausado y sereno, los chicos de la sinfónica juvenil lo adoran. Porque, cuentan los jóvenes, siempre que les da una partitura difícil les dice que les va a salir, que es un desafío. Y les sale. "En la orquesta los chicos se dan cuenta de que pueden y llegan a tocar cosas de gran complejidad, como la ópera Fidelio ", contó el director.

Por su parte, el músico Claudio Espector, impulsor de las orquestas juveniles desde hace varios años, y coordinador del programa del Ministerio nacional, sostuvo: "Los chicos más carentes están estigmatizados que no pueden aprender, pero en la orquesta aprenden", dijo, y señaló que la experiencia muestra que, además, aumenta la concentración de los chicos y su compromiso con la escolaridad.
Tanto Espector como Aguilera destacaron la importancia de que la enseñanza esté dada por profesionales del más alto nivel que descubren, en el vínculo con los chicos, vocaciones muy fuertes de ser músico. "Los chicos perciben cuando la oferta es profunda y no superficial, y eso genera que los cambios se vean", comentó Aguilera.

Cuando los chicos se acercan no tienen instrumentos ni formación musical, en general. "La orquesta es conocer un mundo nuevo", dijo Alejandro González, de 21 años, que comenzó en 2007, y toca el trombón. El joven, que tenía una base musical, destacó los valores humanitarios que prevalecen en la orquesta de Florencio Varela. Y, en la actualidad, trabaja en una escuela de música. También Macarena enseña en una escuela y comentó que le "encanta" tanto hacerlo que no lo llama trabajo.

Ailén Mendizábal tiene 15 años y le pareció "bonita" la flauta traversa. "Cuando empecé me dieron nada menos que La primavera, de Vivaldi", contó con mucho entusiasmo esta adolescente que marca el antes y el después de la orquesta: "Ni me acuerdo de lo que hacía antes; creo que miraba mucha tele en mi tiempo libre". Su objetivo es "llegar a ser una gran flautista y ayudar a otros a que lo sean".

Otra de las características de las orquestas es que los chicos que avanzan puedan acompañar el proceso de aprendizaje de los que comienzan.

Un cambio familiar

El programa de las orquestas se propone involucrar a la familia y a la comunidad. Y lo logra. No sólo porque se presentan con su música en instituciones y sociedades de fomento, sino porque los padres participan. "Acá estimulan a los chicos para aprender. Es como la escuela soñada, y la comunidad es parte", expresó Graciela Gutiérrez, madre de un adolescente que estudia violonchelo.

Soledad Noferi llegó a la orquesta de Florencio Varela en 2005 al llevar a su hija a aprender violín. Después se sumaron sus otros dos hijos. "La orquesta tiene algo maravilloso y es que, por ejemplo, acá no se miran marcas de ropa. Acá se valoran otras cosas", destacó. Tanto ella como Graciela son parte de una fundación que formaron los padres para prestar su servicio y apoyo a la orquesta.

Lautaro Becerra tiene 19 años, toca el contrabajo desde hace un año y medio y ya forma parte del grupo de músicos que fueron seleccionados de las distintas orquestas juveniles de todo el país para ofrecer conciertos en distintos lugares. Este mes estarán en Córdoba y la región de Cuyo y, en octubre, en la Patagonia.

Las sonrisas de los chicos resumen todo.

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Niños virtuales
02/07/10
El psicoanalista Esteban Levin reflexiona acerca de los nuevos juegos de la infancia. Consejos reales.
Por Jéssica Fainsod (Diario Clarín)

Espejito espejito, ¿dime a qué jugamos hoy? El oráculo de los tiempos que corren son las pantallas, en sus versiones múltiples: la wi, la computadora, el video juego, la tele, el mp3. ¿Se tratan de cajas bobas diversificadas? ¿Qué hacer con los niños y su tiempo frente a estas imágenes de colores que no paran de moverse? ¿Da igual jugar a los autitos con un auto de verdad, hecho de plástico o madera, que con una imagen de un auto dibujado frente a los ojos? Es la época del vértigo, donde las nenas ya no juegan a la mamá y al papá con una muñeca de verdad, sino con una virtual. ¿Es lo mismo jugar a la mamá en la pantalla que agarrar una muñeca y llevarla a pasear? No es lo mismo. No. ¿Y por qué? “El niño construye su pensamiento a través del juego. Cuando se lanza a jugar no sabe a qué va a jugar, pasa a pensar lo impensado. Y al inventar el juego, construye la escena que él mismo va viviendo en ese instante”, explica el psicoanalista y psicomotricista Esteban Levin, autor del libro ¿Hacia una infancia virtual?

“En la computadora, el juego ya está armado y el niño cumple los pasos del juego que está prepensado. Jugará al juego que otro ya jugó y que otro ya pensó por él. Cuando un niño juega con una mamá o un papá o el abuelo, el adulto le transmite su propia experiencia infantil. Le dona su herencia familiar, su historia y coloca allí su afecto cuando se comprometen. La computadora da estímulos, pero no dona esa herencia del orden de lo familiar. Da ejercicios. La herencia es lo que permite al niño construir sus propias imágenes, que es donde se reconoce”, detalla Levin.

¿Y cuál es la gran diferencia? “Que la computadora no transmite el deseo de jugar con él. Un abuelo sí. Los jueguitos virtuales articulan con la velocidad del mundo y la evolución de la tecnología. Según estudios realizados en Brasil y Argentina, un niño pasa en promedio cinco horas frente a la pantalla. Si sumamos las horas de escuela, ¿cuándo se lanza, entonces, a construir su pensamiento?”, se pregunta el psicoanalista. “Cada vez tiene menos tiempo para jugar con otro”.

Conclusión: “Niños con síntomas de adultos: obesos, estresados, abúlicos, depresivos, con problemas de atención, hiperkinéticos, insensibles ante lo que pasa a su alrededor. Es curioso, porque la infancia es un momento de la vida donde el niño construye su sensibilidad y es sensible al mundo que lo rodea; y justo en esa etapa tan importante, pierde sensibilidad. Deja de transmitir lo que le ocurre y lo único que le importa es ir rápido a la imagen”. ¿Dónde se encuentra, entonces? “Se fascina ante la pantalla y se encierra allí”.

Para el especialista, que el 5 de julio presentará su nuevo libro La experiencia de ser niño , hoy primero se construye la imagen de un caballo en la pantalla y no con un palo de escoba jugando a los vaqueros. “La pantalla en un lugar estático, su cuerpo no se mueve y repite una imagen que ya está dada. El efecto directo se ve en la escuela: niños poco creativos, que no saben qué hacer con su tiempo”.

¿Y cuál es la solución? ¿Mover el cubilete y arrojar los dados? Levin es claro al respecto: “No se trata de decir no sirve la tecnología, volvamos a los juguetes de madera; sino de compartir un espacio con ellos, de volver a recuperar la herencia. De lo contrario, se empieza a perder la asimetría: los niños pasan a saber más que los adultos de cosas que no saben ni como asimilar y a tomar decisiones que les competen a los grandes. Para eso, hay que recuperar algo de la propia infancia: aquel ‘como si...’ para poder donárselo al niño”.

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Asedio a la infancia

Domingo 2 de noviembre de 2008

Nenas que juegan al baile del caño o quieren vestirse de lolitas cuando no de vedettes, niños que navegan por la oferta pornográfica de Internet. Víctima de una época que entronó al consumo como valor indiscutible, la infancia es hoy objeto de un múltiple asedio mediático que banaliza la sexualidad y que ya da señales de tener efectos negativos sobre los chicos.
Por Lorena Oliva

Cuando Matías, cansado de la compu, salió a jugar al jardín, a Gabriela M. se le ocurrió rastrear las páginas web en las que había estado navegando su hijo de 8 años. Y así, casi por casualidad, descubrió que Mati había empezado a ampliar sus horizontes: del archiconocido www.juegos.com, había pasado nada más ni nada menos que a www.tetas-tetas.com y www.todosexo.com

Lejos de ser la excepción, Matías es el exponente de una generación que, sobre estimulada desde la cuna, curiosa por naturaleza y "adultizada" en materia de consumo, asiste sin voz ni voto a una lógica mediática que ofrece erotismo -cuando no pornografía- con escaso cuidado y ninguna responsabilidad.

Y aunque la creencia más o menos generalizada de que "los chicos de hoy son más inteligentes y hasta más maduros que los de generaciones anteriores" opere para algunos como un atenuante de esta realidad, los expertos consultados para esta nota no dejan lugar a la duda: la sexualidad se construye andando, pero hoy los chicos son empujados a una carrera que empiezan a correr antes de tiempo. Y una sobreexposición ante ciertos estímulos cuando todavía no cuentan con los recursos necesarios para decodificarlos tiene diferentes efectos, ninguno bueno.

Es que el sexo vende. Y de esa lógica de hierro, al parecer, no se salva nadie, ni los chicos. Tandas de colegialas hot a las que hay que llamar a una línea 0-600 en medio de la programación de la serie "Vidas Robadas", premiada y elogiada por denunciar la trata de blancas. Publicidad del canal codificado Venus en las tandas de un programa para toda la familia, como "Los Simpson". Las escenas más subidas de tono del programa de Marcelo Tinelli, omnipresentes a través de innumerables repeticiones diarias y en todos los horarios.

Mientras tanto, los casos en los que la conducta infantil acusa recibo de tanta erotización mediática comienzan a multiplicarse. Hace pocos meses, la Dirección de Escuelas de la provincia de Mendoza alertó que desde el año último son cada vez más frecuentes los episodios -antes esporádicos- de chicos de entre cinco y diez años que tocan sus genitales o los de sus compañeros. Y el citado organismo los relaciona directamente con el consumo de contenidos explícitamente sexuales en la televisión e Internet.

También los profesionales de la psicología infantil comienzan a ver con mayor reiteración en la consulta trastornos relacionados con este tipo de consumo. Médicos y psicólogos aseguran que trae como consecuencia una sobreexcitación y una sobre erotización en los niños, sensaciones que, por otra parte, no saben cómo procesar y, por eso mismo, suelen transformar en violencia, ansiedad o aislamiento.

Y mientras la inclusión de la educación sexual en las currículas escolares continúa siendo motivo de debate, los medios, las publicidades e Internet continúan dando cátedra al respecto.

"La sexualidad que se les presenta a los chicos en ciertos medios de comunicación no transmite ternura. A veces, ni siquiera placer. Lo que se ve es algo deshumanizado y mecánico que puede hacerle creer a los chicos que de eso se trata la sexualidad", afirma la licenciada Susana Mandelbaum, miembro del comité de Familia y Salud Mental de la Sociedad Argentina de Pediatría.

La transmisión de ciertos disvalores, así como la utilización de lenguaje inadecuado y la falta de verosimilitud aun en programas que se dedican a documentar la realidad son los principales puntos débiles que el Observatorio de la Televisión de la Universidad Austral detecta al analizar lo que alguna vez se conoció como "caja boba".

"A veces uno ve que todos apuntan contra "Bailando por un Sueño", donde claramente lo que comenzó como un concurso de baile se desvirtuó con el baile del caño y el corte de polleritas. Pero está lejos de ser el único caso -puntualiza Gabriela Fabbro, directora de esa institución-. Basta pensar que hasta no hace mucho un programa como "Duro de domar", pensado para la medianoche, comenzaba a las 19, heredando la audiencia de "Patito Feo". También podemos citar programas documentales con pretensiones periodísticas, como "Policías en acción" o "Cárceles", que recurren con frecuencia a mecanismos de narración que distorsionan su contenido."

En 2004 se presentaron 328 ciclos en los canales de aire. Menos del 10 por ciento (29) estuvo destinado a niños y jóvenes y sólo la mitad fue de producción nacional. De todas maneras, la realidad se ha ocupado de demostrar que no siempre los programas orientados al público infantil o juvenil son el oasis en el desierto.

Adultos en miniatura. Así se refirió a los niños un informe realizado hace dos años por la Defensoría del Pueblo de la Nación, junto con numerosas organizaciones como la Sociedad Argentina de Pediatría, la Sociedad Audiovisual para la Infancia y la Adolescencia Argentina (SAVIAA), la Fundación Televisión Educativa (Fund TV), el Comité Argentino de Seguimiento y Aplicación de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (Casación). Entre otros aspectos, el estudio cuestionaba que son numerosas las publicidades y los programas televisivos en los que los niños aparecen como adultos en miniatura: allí no difieren significativamente en intereses, lenguaje, ropa, o sexualidad de los adultos que los acompañan.

Sobre este punto, la especialista en infancia y medios de comunicación Valeria Dotro, reconoce que la mayoría de los programas infantiles y juveniles actuales son aliados del consumo. "Se piensa muy poco en las verdaderas necesidades del público infantil. Y para atenderlas, no es necesaria una programación aburrida o falta de humor. Nadie habla de una mera transmisión de contenidos escolares, pero sí de una oferta que los considere como niños y signifique una verdadera alternativa."

Vedetizadas a los 12

El sociólogo Marcelo Urresti, autor del libro Ciberculturas juveniles, cree que la programación destinada al público preadolescente se cuenta entre la más sexualizada de la televisión abierta. "En emisiones como "Casi Angeles", "Patito Feo" o "Rebelde Way" uno puede ver chicas vedetizadas a los 12 así como falsos adolescentes que se presentan como tales cuando, en realidad, tienen 25. En estos casos la sexualización opera por la confusión que genera más que por sobreabundancia."

Toparse por la calle con pequeñas lolitas lookeadas como modelos o asistir a reuniones en las que las nenas de 10 y 11 años proponen "jugar al baile del caño" ante la mirada perpleja de los padres hoy se ha vuelto tan habitual como la sensación adulta de que la infancia dura cada vez menos.

Categoría etaria relativamente nueva, la preadolescencia es hija de la sociedad de consumo: hoy es frecuente que, a partir de los 8 años, los niños comiencen a pedir celulares, ropa de determinadas marcas, así como contar con dinero para sus gastos, etcétera: pequeños signos de una aspiración a la independencia, en un medio que, por otra parte, hoy presenta a la precocidad ya no como la excepción, sino como la regla.

"Hay un bombardeo de precocidad en los medios de comunicación. Y como allí se legitima todo lo que se difunde, si la noticia es que las nenas se inician a la vida sexual cada vez más temprano, supongamos a los 12 años, esto termina generando presión entre las que tienen 13 y todavía no se iniciaron", alerta Urresti.

En el Comfer, el responsable del área de Fiscalización, Gustavo Bulla, recuerda con cierta nostalgia los tiempos en los que los chicos hacían la tarea escolar acompañados por el Capitán Piluso y era el Topo Gigio quien los mandaba a dormir. Hoy, en cambio, ese mismo espacio es ocupado por numerosos programas que no hacen más que difundir otros ciclos, casi siempre destinados originalmente a un público adulto.

"Es frecuente que a los fragmentos que reproducen, siempre los más subidos de tono, les impriman una carga extra al editarlos o al recurrir a mecanismos como el de la cámara lenta. Es sobre ese tipo de programas donde estamos focalizando aún más nuestra atención y nuestras sanciones", asegura el funcionario.

Claro que la simple consulta de la nómina de sanciones impuestas a los programas televisivos, a la que se accede a través de su página web, permite, en parte, entender por qué esa supuesta atención puesta sobre la programación no logra efectos todavía. Basta citar un ejemplo: la sanción para un programa de la tarde por difundir material de fuerte contenido erótico consistió en una multa de mil pesos, algo irrisorio para una empresa televisiva. Y no sólo eso: demorada por tramiteríos diversos, la sanción se decidió un año después de ese episodio. (Lo cierto es que distintas fuentes que piden anonimato coinciden en que, históricamente, los canales siempre terminaron pagando las multas en especies: esto es, en minutos de aire que los sucesivos gobiernos utilizan durante las campañas políticas.)

"Hay mucha hipocresía en la sociedad -contraataca Bulla-. Se le pide al Estado una actitud paternalista: que sancione este tipo de programas cuando, por otra parte, son los más vistos de la televisión."

Claro que, en este punto, hasta que se realicen las promesas de una televisión digital, con la que cada televidente se convierta en programador, las opciones del espectador no son muchas.

Además, mediante todo tipo de guiños, es frecuente que los programas que difunden contenido sexual o erótico se presenten, sin embargo, como dirigidos a la familia.

Analistas y expertos en medios reconocen en este tipo de estrategias un intento por captar especialmente a los más pequeños por su gran influencia en las decisiones de compra de la familia: hoy se calcula que en productos de consumo general, que van desde comestibles hasta electrodomésticos, los chicos tienen una incidencia del 40 por ciento. Algo que se refleja hasta en las góndolas de los principales supermercados, cada vez más bajas para estar "a la altura de los chicos". Especialistas del área confirman que la altura preferida en las góndolas durante los años 80 era de 1,60, estatura promedio de las amas de casa; en los 90, cuando la ida al supermercado se transformó en un paseo de compras familiar, bajó a 0,90.

En el año 2006 las empresas que tenían algo para venderles a los más chicos (desde figuritas hasta juegos electrónicos) habían invertido 92 millones de pesos en publicidad. Un año más tarde, invirtieron 30 millones más.

Claro que, en el afán de ganarlos como consumidores de bienes y servicios, empresarios y directivos de medios acaban creyéndose la imagen de la infancia que ellos mismos construyen y difunden.

"Lamentablemente, es cada vez más frecuente que, en la búsqueda de aprovechar al máximo el potencial económico de los niños, reconocidas marcas acaben por descuidarlos, generándoles estímulos que no son acordes para su edad. Pero es justo también reconocer que no todo el mercado es así. Por ejemplo, se sabe que algunas empresas de primerísima línea mantienen con firmeza la posición de no pautar en ciertos programas del prime time y que buscan, incluso, diferenciarse", asegura Marcelo Paz, director de la consultora de marketing Meeting Point.

Otra postal frecuente de los últimos tiempos es la de chicos hipnotizados frente a pródigos kioscos de revistas que exhiben revistas con mujeres en diversas poses, ninguna ingenua. Luciano G., de 11 años, codea a su amigo, le señala la portada de una de las revistas y ambos empiezan a cuchichear, mientras su mamá, que capta la escena, intenta distraer, al menos, a su hijo más pequeño.

Es que, amparados, según dicen, en toda esta lógica mediática que coloca al sexo en primerísimo plano, los editores de revistas eróticas y pornográficas ya ni se preocupan por envolverlas en sobres opacos.

La Asociación Argentina de Editores de Revistas (entidad que nuclea al 80 por ciento de las publicaciones, según informa la institución en su página web) no encuentra motivo alguno para hacer un llamado de atención a sus asociados.

"Nosotros defendemos a ultranza la libertad de expresión y de circulación de todas las publicaciones sin censuras ni intromisiones sectoriales o gubernamentales", hizo saber por escrito el secretario del organismo, Daniel Ripoll.

En diálogo con LA NACION, el editor se esfuerza en destacar que los lectores de revistas eróticas o pornográficas las adquieren de manera voluntaria. Y si bien reconoce que los tiempos en que se vendían en sobres han quedado en el pasado, no cree que las nuevas estrategias encarnen peligro alguno.

"La exhibición de cuerpos desnudos ha perdido toda connotación pecaminosa", dice, por toda reflexión, y recuerda que a quien le moleste lo que él define como el "libre ejercicio de la libertad de expresión y de circulación de los productos de prensa", tiene el derecho de accionar judicialmente.

Obviamente no es sólo una cuestión de desnudez o exhibición lo que esté en juego, sino, sobre todo, la manera en que esas imágenes operan en la mente infantil, en pleno proceso constructivo de una idea de mundo.

Aun para ella, que con sus 9 años recién cumplidos suele demostrar una naturalidad anestésica frente a cada nueva provocación televisiva, esa especie de muro de tapas de revistas fue demasiado. Y, tras recorrer con mirada desconcertada la seguidilla de desnudos femeninos que con poses explícitamente eróticas tapizaban toda el ala izquierda del kiosco de revistas, Florencia N. miró a su mamá y le dijo: "¿Viste que son todas rubias?".

Fuente: La Nación

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They've got it all. So why are well-off children so unhappy?
(18 mayo 2008)

Parental pressure to succeed has created a lost generation, warns a controversial new book that is taking the US by storm
Denis Campbell, social affairs correspondent
Sunday August 6, 2006

Well-off, smartly dressed and displaying an impressive array of talents in and out of school, they seem to have perfect lives and be destined for exciting futures doing important things. Yet a growing number of children from wealthy backgrounds are suffering stress, not because of their friends or worrying about whether they will get a boyfriend or girlfriend, but because of their over-ambitious parents.

A controversial new book - which has sparked a massive debate in America about the relationship between money and parenting - has blamed high-earning, high-achieving mothers and fathers for inadvertently causing their children's problems by pushing them so hard to succeed that they feel like failures. Parents interfere in their children's lives so much that they can't look after themselves. They give them every gadget and luxury imaginable but far too little time, love and affection.

In The Price of Privilege: How parental pressure and material advantage are creating a generation of disconnected and unhappy kids, American clinical psychologist Dr Madeline Levine accuses middle-class parents who earn at least £63,000 a year of failing to prepare their offspring properly for the adult world because they are so obsessed with ensuring their sons and daughters excel at everything they do. While superficially well-developed, their children are actually sad, lonely, confused and lack self-confidence because they haven't fulfilled parental expectations, Levine says.

'Why are kids who have everything doing so poorly?' asks Levine. 'We know that this group of kids has three times the rate of depression and anxiety disorders as ordinary teenagers, as well as substantially higher rates of substance abuse, cutting and suicide. The most dangerous feelings a child can have are of self-hatred, yet middle-class parents are unwittingly instilling those feelings by expecting so much.'

According to Levine, parents should take care not to pressurise their children to try to be outstanding at everything and accept that they will be only good or average at certain school subjects or extra-curricular pursuits, allow them enough time on their own to find out more about who they are and, crucially, always to be on hand to talk to their children about their day, their thoughts and how they are feeling.

Levine criticises over-intrusive 'helicopter parents', so-called because they constantly hover over every aspect of their children's lives, for example going into their school to challenge a teacher about a mark their child has received. Although they are trying to help, they are actually damaging their offspring's development because, she says, leaving children alone, and learning how to handle difficult situations, helps them acquire independence, coping skills, a sense of right and wrong, and a sense of who they are.

Similar trends are apparent in Britain, say clinical psychologists. 'Parents constantly striving for their kids to be successful, for example by arranging for them to do something like judo or horseriding every day after school - what I call over-scheduling - is pretty common, and more and more common, among better-off families', says Dr Rachel Andrew, a child and family psychologist in Burnley, Lancashire. 'I've been surprised by the number of kids aged 12 upwards, who have very successful parents, with difficulties ranging from depression and eating disorders to exclusion from school.'

The parents of such young people are doctors, dentists, solicitors, barristers and self-made business people. 'In very successful families you have very driven parents who can lose sight of their children's emotional needs because they are too busy being successful, making money and focusing on their own career. We are starting to see signs of the impact of all this in the diminished community spirit, [the] sense that each person is out for themselves and growing isolation of young people.' Worryingly, Andrew says that the age at which highly competitive parents start pressurising their children to succeed has fallen to as young as five or six. Like Levine, she laments that for some parents, their child being merely good at something is no longer enough. 'A growing number of parents seem to have forgotten that their children are individuals, and instead are trying to churn out career-driven robots.'

Mick Brookes, general secretary of the National Association of Head Teachers, made headlines in May when he warned about children being made miserable because of the 'loving neglect' of their cash-rich, time-poor parents. 'What Dr Levine is saying strikes a chord with me, and will resonate with parents here', he says. 'Some parents have got the balance wrong between getting their child into what's deemed to be a good school and them getting qualifications, and their overall quality of life.'

Dr Levine's top tips

  • Appreciate your children as they are. Don't waste time trying to create the perfect child you wish you had
  • Don't damage their self-esteem by criticising their efforts too often. Don't reject them - that feeds self-hatred
  • Basic warmth between a parent and child - hugs, kisses, listening, words of empathy - is the first pillar of parenting
  • Discipline is vital. Be consistent; that helps kids develop self-control
  • Spend time together. Eat your evening meal together as often as possible, and involve your children in as many rituals as possible, such as worship or sport

'Cricket, football, then maths tuition ...'

Debbie Garrett, 41, is a mother of four children in Corbridge, Northumberland

She says: 'My husband Chris and I think our children strike a good balance between school, extra-curricular stuff, being with their friends and having downtime. Our oldest boy, Jack, who's 12, does cricket, football, guitar lessons, basketball and extra maths tuition . Rosie, who's nine, has choir followed by Brownies on a Monday, swimming every Friday, trampolining on Sunday mornings and kumon maths class with Jack every Tuesday after her netball.

'The upside is that they are enjoying themselves and getting specialist input. And I'd rather they were being active and sociable rather than at home playing on the computer. But there are downsides, like not having a family meal as often as I'd like, and feeling like their permanent taxi service.

'In some families we know, the kids do something after school virtually every day of the week, especially children at fee-paying schools, where there's a greater range of activities. Some expect their parents to organise and structure their every waking moment, and are always asking, "What am I doing tomorrow?".

'There's definitely a social premium put on your kids doing extra stuff. You do compare what you are doing with neighbours and friends. If Jack and Rosie weren't doing "enough" extra-curricular things I'd feel I wasn't a good enough mum.'

· The Price of Privilege (Harper Collins) by Madeline Levine PhD is available at amazon.com. Read Dr Levine's introduction to The Observer's online reader debate on this subject at Observer.co.uk/blog

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"El chico debe protagonizar su relación con Internet"
(3 abril 2008)

"Internet no es un mundo para ingenuos", desliza con sonrisa enigmática Gabriela Alfie, educadora y especialista en informática educativa, disciplina que estudia el uso de la computadora en el hogar y el colegio, y que en unos días presentará Cyberpadres , su último libro, editado primero en México y España. Una de sus líneas de investigación más interesantes, que le fue muy útil para la redacción de varios capítulos, es una serie de encuentros que organizó con chicos y adolescentes para preguntarles qué hacían con la computadora cuando sus padres no estaban en casa. "Los chicos fueron muy sinceros. Incluso uno de ellos, visiblemente resentido por actitudes desleales de compañeros de chateo por Internet, me reveló uno de los mayores secretos de su grupo virtual: cómo llegar a ser un hacker. El encuentro me permitió ver hasta qué punto un chico o joven se encuentran desprotegidos ante el mundo que le ofrece una computadora", agrega.

-¿Cuál es la propuesta de Cyberpadres?

-Capacitar al niño. El chico debe protagonizar su relación con Internet, debe ser él quien tome las decisiones. Creo que es el camino más lógico; la otra alternativa son las prohibiciones, pero cuando no se explican debidamente, el chico no las comprende, lo que le lleva a vivirlas como un capricho autoritario y a violarlas en la primera oportunidad. Sin embargo, cuando hay diálogo, cosas tan temidas y difíciles como poner límites, determinar cuánto tiempo se puede estar chateando con los amigos o navegando en Internet pasan a ser consecuencias naturales de un intercambio inteligente y afectuoso entre padres e hijos.

-¿Qué riesgos se corren cuando se navega por Internet?

-Internet tiene múltiples posibilidades para la educación, la comunicación, el desarrollo intelectual y conceptual, incluida una actitud estratégica para enfrentar los problemas cotidianos. Pero cuando se lo utiliza indiscriminadamente se suelen conseguir los efectos contrarios: desinformación, aislamiento e incomunicación, y confusión entre ficción y realidad.

-¿Cómo se cae en la desinformación?

-En Internet, cualquiera puede poner cualquier cosa. Es increíble la cantidad de textos apócrifos, desde una carta de despedida de Gabriel García Márquez, en ese entonces enfermo de cáncer, que desde hace unos 10 años viene apareciendo en Internet disfrazada de todas la formas imaginables: con vistas apaisadas de París nocturno, excelentes fotografías de rincones nevados del norte de Europa, pinturas de Van Gogh, etcétera, hasta un poema de Jorge Luis Borges, Aprendiendo , que tampoco escribió el autor de El jardín de los senderos que se bifurcan . Es necesario que el chico comprenda eso y que se acostumbre a verificar la calidad de la información.

-¿Y en la incomunicación?

-Cuando un chico se vuelve adicto a la computadora, poco a poco va perdiendo contacto con amigos, deja de asistir a reuniones como cumpleaños o encuentros deportivos, y abandona el juego simbólico, que es el clásico juego infantil, el que le permite desarrollarse afectiva, física y socialmente, algo que los juegos de la computadora no pueden reemplazar. Y así, poco a poco se va volviendo tímido, con problemas de diálogo, poco espontáneo, sin capacidad para resolver conflictos de relación que se le presentan a diario. Esto aumenta el aislamiento y la computadora pasa a ser un refugio, el escape a una realidad que al huir se suele tornar amenazadora.

-¿Y en la confusión entre realidad e irrealidad?

-En parte es una consecuencia de lo anterior. Si me aíslo del mundo real y me refugio en el virtual, empiezo lentamente a reemplazar uno por otro que me resulta más amable, donde me siento más seguro. Además, la computadora me permite suspender una relación cuando me parece, cosa que no puedo hacer en la vida real. Pero hay otro aspecto preocupante, nunca puedo tener certeza de que las relaciones que establezco por Internet son lo que aparentan. ¿Cómo puedo estar seguro de que es realmente alguien de mi edad ese compañero anónimo e invisible, de sus intenciones, de lo que me cuenta de sí mismo? Esto, como vemos a diario, puede dar lugar a situaciones realmente peligrosas.

-¿Cómo debe ser la participación de los padres?

-El chico debe sentir que sus padres le aportan conocimiento, autoridad, preocupación y que están abiertos al diálogo. Sin embargo, para que el chico sea protagonista es necesario, además, despertar su interés, darle su lugar, hacerle comprender la importancia que tiene. En los juegos, enseñarle a leer los mensajes subliminales, a descubrir contenidos disfrazados, analizar los personajes, sus roles, y a preguntarse qué consecuencias tendría una situación como la que se da en el juego, generalmente muy violenta, en el mundo real. En otras palabras, ayudarlo a desarrollar algo fundamental para la vida de un ser humano: su sentido crítico.

Luis Aubele

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El difícil arte de poner límites a los chicos
(2 marzo 2008)

La generación que no conoce la palabra "no": una actitud que origina el fenómeno de los niños tiranos

Los padres dicen que les cuesta marcarles pautas de conducta a sus hijos, pero para los especialistas es parte del aprendizaje.

Reconocen que en la educación de sus hijos poner límites es importante. Pero hoy existe una generación de padres a la que le cuesta ejercer su función de autoridad y decir que no.

Los especialistas consultados por LA NACION admiten que es una situación recurrente entre las familias argentinas. "Un papá decía que le resultaba más fácil ponerle límites al personal de su fábrica que a su hijo de cinco años", recuerda Eva Rotemberg, directora de la Escuela para Padres.

Temor a la frustración, sentimiento de culpa o que los chicos los dejen de querer son algunos de los motivos que, según los especialistas, llevan a los padres a ser excesivamente permisivos y contemplar todos los deseos y caprichos de sus hijos.


Pero ¿cuál es la manera de poner límites sin frustrar a los niños? "Justamente, hay límites que apuntan a que el niño aprenda a tolerar cierto grado de frustración. Esto también forma parte de la vida y los ayuda a crecer y madurar", señala Rotemberg.

Por su parte, la psicoanalista Alejandra Marroquín, docente del Centro Dos, explica: "No poner límites es una manera de desamparo, de abandono. Esto genera el fenómeno de los niños tiranos, que son los chicos que quieren todo, exigen sin límites a sus padres y no soportan escuchar un no como respuesta. Lo único que se logra con este consentimiento es hacerles daño".

Llanto, ira, pataleo... "Es normal que la primera reacción sea el enojo, pero inmediatamente después llega el alivio -dice Marroquín-. Esto los ayuda a desarrollarse en sociedad, a saber esperar, respetar normas y participar de una cultura."

Gabriel Longo tiene 35 años. El y Paola, su esposa, son padres de Luca, de 6 años, y Franco, de un año y medio. "Reconozco que no digo los noes que debería. Pero estoy fuera de casa la mayor parte del día, y cuando llego del trabajo lo último que deseo es enojarme con mis hijos. No quiero ser el papá ogro, y siempre termino negociando".

Sin embargo, Longo asegura que, cuando está convencido de que algo está mal, es inflexible. "Hay una escala de valores en la que no cedemos, como el respeto a los padres, a los mayores. Y si tengo que poner un castigo, prefiero decirle que no puede ver televisión antes que prohibirle alguna actividad mucho más enriquecedora para él, como ir a fútbol, por ejemplo".

Para Sandra D Ovidio, mamá de Damián, de 6 años, la tarea es aún más complicada. "Fue un hijo muy buscado que llegó en la madurez de mi vida, y lo tuve sola. Poner límites me cuesta, pero lo hago. Entiendo que de esa manera lo estoy ayudando a crecer, a madurar, a enfrentarse mejor con los no de la vida. Pero hay tantas teorías que a veces prefiero mirar para adentro y hacerle caso a mi intuición de madre", reflexiona.

Una etapa difícil

Con los adolescentes, la cuestión de los límites se presenta para los padres como una problemática mayor. "Es una etapa en la que los hijos se van alejando lentamente de los padres, lo que asusta mucho a los adultos. Aparecen temas como el alcohol, las drogas, las malas compañías. Y en el afán de apartar a sus hijos de todo eso, los padres los complacen. Tienen miedo de que, al poner límites, los hijos los desafíen o los dejen de querer", explica Diana Rizzatto, de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar.

En este caso, la psicóloga insiste en favorecer la comunicación. "Dejar que se expresen, escucharlos, interesarse por sus cosas y preocupaciones -enumera-, y algo muy importante: sentarse a negociar."

Mariana Canudas sabe muy bien cómo actuar cuando de negociar se trata. Mamá de cuatro chicos de entre 6 y 14 años, aplica el método diariamente. "No me cuesta poner límites. Pero en todo lo que se puede, negocio. Ahora, el horario se transformó en el tema de discusión con el más grande. Pero siempre llegamos a un acuerdo", manifiesta. ¿Cómo lo logra? "Si yo quiero que vuelva a las 23, arranco diciendo que el horario tope es a las 22. Así empieza el tira y afloja. Finalmente, llegamos a un punto intermedio, y él se va con la satisfacción de que, al menos, me ganó media hora".

Pero Canudas reconoce: "A diferencia de otras mujeres, como pude y quise dejar de trabajar, estoy con ellos la mayor parte del día. No tengo esa sensación de culpa que, a lo mejor, sienten los padres que trabajan mucho y no pueden compartir tanto tiempo con sus hijos".

Dada su experiencia como profesional, Marroquín señala la necesidad que hoy tienen muchos adolescentes a los que los padres no han sabido poner límites, de "buscar un freno en el exterior, con el peligro de exponerse a situaciones de riesgo".

"Los niños necesitan explorar y van probando hasta encontrar límites -concluye Rizzatto-. La familia es un lugar de contención y los padres tienen la responsabilidad de darles las herramientas para afrontar la vida adulta y vivir en esta sociedad."

Por Soledad Vallejos
De la Redacción de LA NACION

Consejos

1. Comunicación
Escuchar a los chicos, demostrar interés y dedicarles tiempo.
2. Firmeza
Evitar el juego de poder. Decir que no con firmeza.
3. Decir que sí
Cuando el sí es oportuno y facilitador, el no aparece escasamente.
4. Consultar
Sin temor a un especialista; no significa hacer un tratamiento.
5. Negociar
Proponer acuerdos entre las partes; conciliar, si se puede.

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Tough Day for Kindergartners (and Parents)
By LAURIE TARKAN
Published: September 13, 2005

EIf you notice a caravan of cars chugging along behind the yellow school bus on the first day of school, it is probably a line of moms, not quite able to let go of their first-time kindergartners.

For their 5- and 6-year-olds, the first day at the big school can be a thrilling experience, as they strike out on their own, but it can also be scary and overwhelming for some.

According to some psychologists, it can be equally emotional for their parents. Though most children can make the transition from preschool to kindergarten smoothly, about 25 percent have some difficulty, giving them unequal footing at the starting gate of their education, according to Beth Shalev, director of the Jewish Community Preschool of Wake County, in Raleigh, N.C.

"It's really a big developmental change for the kids," said Ms. Shalev, since children are going "from being in a cloistered, protected environment where their needs are met by individualized care, and where there's a great deal of communication between teachers and parents, to a much larger, less personal place."

This change has become a hot topic in education. "Most districts in most states now have policies and procedures explaining how to prepare children and parents for the transition," said Sally Flagler, chairwoman of the National Association of School Psychologists' Early Childhood Education Interest Group, based in Bethesda, Md.

"Public schools are looking at everything they can do that's going to move the needle on achievement," said Heather Weiss, director of the Harvard Family Research Project. Easing the transition and involving parents can improve children's overall performance, she said.

The question no longer is, "Is the child ready for kindergarten?" Dr. Weiss said. "The burden of kindergarten readiness is shifting to the family, the preschool and the school system's readiness to support the child's transition."

Children may suffer from separation anxiety. They may want their new autonomy but be scared by it even so.

They may struggle with the new demands, like having to sit in a circle for longer periods of time, or having to perform academically.

Signs that the transition may not be going smoothly for a child include acting out, crying, not wanting to go to school, stomachaches, clinging to parents and reverting to behaviours that they seemed to have outgrown, said Nancy Workman, a psychologist who consults at Manhattan Country School, which is private.

The change may be harder for children who tend to need extra attention in preschool, who are having some trouble with social skills, who do not like to be in large groups or who have gone through other problems or losses, like divorce or a death in the family.

Experts say parents should take children to meet their new kindergarten teachers and tour the schools before the term begins, to see the classroom, lunchroom, restroom and play areas.

Other helpful tactics are to talk over what new activities will be and to go over the schedule and bus route.

Making contact with a classmate ahead of time so the child recognizes someone when school starts can make kindergarten seem more familiar and predictable.

Parents can also sit in on the kindergarten classroom the previous June to get a sense of what they can expect for the child come September.

If a child is having problems with the transition, parents should take advantage of the school counselor or psychologist, offered as a free service by many schools.

This may be less intimidating and more practical for parents than seeking private therapy, Ms. Flagler said.

For first-day jitters, said Jill Lillie, a clinical psychologist, "It's important to help children feel like they can do it, not dismiss their worries and to acknowledge the fears, but not compound them."

Like their children, parents can suffer during the transition as well.

Ellen Kahaner of South Orange, N.J., a former teacher whose daughter, Sylvia, is entering kindergarten this year, said: "When I was teaching, I had to wave off the crying parents of crying kindergartners the first day, and I had no idea that one day I would be part of the tissue brigade. She's definitely more ready than I am."

While most schools have psychologists available for students, some schools also have psychologists specifically for parents.

Ms. Lillie was hired by the PTA of P.S. 77 Lower Lab School in Manhattan to counsel parents.

"One of the main issues that comes up for parents is the loss of the preschool community that they've come to know," Ms. Lillie said. "There's also a sense of loss, that their child is not a baby anymore, that they've grown up so quickly."

Karen Nielsen, whose son attends Lower Lab School, said she was surprised to find that the experience was a milestone in her life as well.

"I didn't really expect to feel like I was letting go as much as I really was," Ms. Nielsen said.
Some parents may worry about whether their children are socially prepared and emotionally and intellectually ready for the new academic demands, Ms. Lillie said.

Some worry about the fuller range of behavioral matters and the aggressive behavior that their children may be exposed to in the public school. And parents who were involved in the preschool may feel disconnected from the public school, leaving them feeling more anxious.

"If the anxiety is coming from the parent, not the child, I advise parents to think through what's going on for them," Ms. Lillie said.

"In general, my advice is to know yourself," she added. "Whatever is triggering your anxiety and difficulty is more about your own personal psychology than your child's."

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Odisea, o la prolongada adolescencia
(17 noviembre 2007)

Hubo una "generación perdida", que vivió en el período de entreguerras de los años 20 y que vio cómo se desvanecieron trágicamente grandes ilusiones. Hubo también una "generación beat", contestaria, que creció en los años 50 y se expandió en la década del 60 por numerosas universidades del mundo. Más tarde, en el inicio de los años 90, emergió una "generación X", que careció de modelos y de fines que la motivaran, reacia a contraer compromisos y construir un porvenir. Hacia el fin del siglo XX otros comportamientos juveniles permitieron hablar de una "generación Y", poco dispuesta al trabajo, entregada a un nomadismo sin destino, sometida al vértigo tecnológico y a la revolución de las comunicaciones que la hicieron adicta al celular, la PC y la navegación por Internet. Ahora se ha presentado en el escenario mundial la "generación Odisea", bautizada así por William Galston, investigador del Brookings Institute de Washington y referida a jóvenes que se encuentran entre los 20 y los 35 años.

Según puede imaginarse, el nombre de Odisea tiene el sentido de una metáfora. La adolescencia siempre se ha visto como etapa de maduración que, al culminar, da paso a la joven adultez que se revela en la capacidad de asumir decisiones y vínculos estables, tanto en el estudio como en el trabajo, en la elección de pareja o en la fundación de una familia. Ahora bien, si en vez de esas definiciones los comportamientos que se observan son de una continua elusión de compromisos y relaciones estables, resulta justificado hablar de una prolongada adolescencia, a la que cabe comparar con un alargado viaje como el de Ulises, con peripecias y riesgos, que expresan -y esto sería lo llamativo- una voluntad de permanecer en la moratoria de una edad sin arribar al puerto de las obligaciones adultas.

En las diferencias apreciadas entre las conductas de las distintas camadas generacionales es posible observar significativas y diversas influencias. Así, por ejemplo, cada guerra mundial afectó a los jóvenes, que reaccionaron con decepción o con rebeldía. Luego se insinuaron influencias más sutiles como el posmodernismo, cuya concepción escéptica y relativista contribuyó a desorganizar la vida social y a socavar el impulso idealista de los proyectos juveniles. Paralelamente, la promoción continua del hedonismo en los mensajes que prometen beneficios sin aludir al esfuerzo de su logro redujeron aspiraciones y proyectos que reclaman estudio y trabajo firme, y empujaron a miembros de las generaciones más recientes a evitar obligaciones y postergar compromisos. De ese modo, el deterioro de valores, creencias y propuestas ha llevado a un consumo incesante de lo que no es meritorio y a dejar pasar el tiempo como si fuera inagotable.

Con respecto al cuadro descripto es justo decir que no debe caerse en el error de una falsa generalización que igualara lo que posee diversidad. Sin duda se viven tiempos difíciles para la adolescencia y la juventud, receptoras ambas de insidiosos estímulos e incitaciones con los cuales se los desorienta y manipula. La educación familiar y escolar están más a prueba que nunca. Se requieren claridad y fortaleza en las convicciones morales que se transmiten. Los mayores deben ser conscientes de que a ellos les corresponde proveer los ejemplos que los adolescentes necesitan.

Fuente: La Nación

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Andar a gatas previene el fracaso escolar

Prepara su cerebro correctamente 23-09-2007

El niño que gatea antes de echar a andar prepara su cerebro para un correcto aprendizaje posterior de la lectura y la escritura, imprescindibles para un adecuado progreso en la escuela, eliminando así un factor de riesgo del tan temido y extendido fracaso escolar.

Así de categórico se muestra Carlos Gardeta, psicólogo y director del Instituto Fay para la Estimulación Multisensorial, en el que un grupo de profesionales -médicos, psicólogos, pedagogos, trabajadores sociales, fisioterapeutas...- combate un problema que en España afecta al 30% de los menores de 16 años.

'Es un error pensar -afirma Gardeta- que los niños tienen que andar cuanto antes. El gateo tiene mucha importancia, pues es fundamental para coordinar los dos hemisferios del cerebro. Y para la lectoescritura, porque obliga al pequeño a colocar la cabeza y los brazos en una posición que le hace esforzarse para enfocar la visión en dos direcciones, estableciendo así la convergencia visual adecuada'.

Varios bebés gatean camino de la meta durante una competición de esta modalidad en Shanghai, en China.
Andar a gatas


Incorrecto desarrollo cerebral

Esa distancia entre la cabeza y las manos 'es la misma -continúa- que existe cuando, más tarde, tenemos el papel delante. El gateo ayuda a desarrollar la visión, pero también el equilibrio y la tactibilidad, favoreciendo las conexiones entre los dos hemisferios cerebrales'.

Un porcentaje elevadísimo de los casos de fracaso escolar está motivado, según las tesis de Carlos Gardeta, por pequeñas disfunciones por inmadurez del sistema nervioso central, por un incorrecto desarrollo del cerebro del niño. ' Si no son corregidas -asegura- dificultarán el aprendizaje y pueden llegar a provocar el abandono de la escuela, además de un posterior fracaso profesional e, incluso, vital'.

'Los seres humanos -explica Gardeta a EFE-, desde el momento de la concepción hasta los siete años, pasamos por un proceso en el que adquirimos todas las funciones que harán posible que nos pongamos en el nivel de salida de nuestra especie'.

El cerebro graba pues la información que los sentidos reciben del entorno en base a establecer conexiones entre las neuronas de cada área del cerebro prefijadas por la evolución. 'Cuando un área del cerebro llega a tener la cantidad de neuronas y conexiones necesarias, siempre se produce la función que tiene encomendada', continua.

Pero qué ocurre cuando una determinada función -la lectura, el habla, la escritura...- no aparece. Quiere decir que su correspondiente área cerebral no está organizada correctamente. 'Si el cerebro no reconoce la pierna es imposible andar', explica Carlos Gardeta.


Desorden neuronal

Ante una situación de este tipo, en el Instituto Fay -que debe su nombre al neurólogo y neurocirujano estadounidense Temple Fay- buscan las áreas cerebrales que están insuficientemente organizadas, o que simplemente no están organizadas según el plan maestro de nuestra especie. Tres causas pueden provocar el desorden.

La primera, que haya habido una falta de estímulos medioambientales o del entorno suficientes, situación que se da sobre todo en niños abandonados en orfanatos. 'Sus madres tienen otros intereses más potentes que la cría, como la supervivencia, la droga u otras. No es lo mismo tener una madre en exclusiva que una cuidadora compartida con otros muchos niños. Entonces no hay suficientes estímulos para que la organización del cerebro se ponga en marcha', comenta Gardeta.

A los problemas genéticos, la segunda causa, se suma una tercera, la falta de una oxigenación correcta del cerebro, que casi siempre se produce en el momento del parto y que al ser de carácter leve pasa generalmente desapercibida. 'El metabolismo cerebral -apunta el psicólogo- es potentísimo y necesita mucho oxígeno. Su falta supone la muerte de muchas neuronas'.

Cuando el desorden neurológico es leve y pasa desapercibido acaba provocando limitaciones en el aprendizaje, hiperactividad o escaso interés, entre otros trastornos que padecen los niños que fracasan en la escuela.

'El niño -dice el director del Instituto Fay- conoce el mundo a través de sus ojos, de sus oídos, de sus manos y pies...y si algo falla en su cerebro, por mínimo que sea, provocando una desorganización neurológica, se produce un desajuste entre su edad biológica y la cerebral'. Al interpretar erróneamente el cerebro la información que recibe a través de los sentidos, se bloquean las capacidades del pequeño.

'No son niños vagos. Simplemente desconectan cuando les cuesta enterarse de lo que explica el profesor en clase', abunda este psicólogo, que se autodefine como un 'organizador neurológico'.


Estimular los sentidos

Detectado el problema, y las causas que lo han provocado, además del nivel de desorganización en la función neurológica, los especialistas del Instituto elaboran un programa de estimulación para cada caso concreto, que desarrollarán los padres -especialmente la madre- en casa y durante un periodo que viene a durar dos años, aproximadamente.

'La madre es fundamental en los siete primeros años de vida de cualquier niño. Es la gran estimuladora. En un ochenta por ciento dirige la organización cerebral de su hijo', comenta Carlos Gardeta.

De ahí que 'no sea casualidad', advierte, que la gran mayoría de docentes en la enseñanza primaria sean mujeres. 'Los niños empatizan más con ellas, su influencia en el pequeño es mayor'.

Se trata pues de restaurar el ritmo y la organización neurológica que se truncó en algún momento de la vida del pequeño. 'No le enseñamos a leer, lo que hacemos -pone como ejemplo- es organizar su cerebro para que espontáneamente lea, que es una función neurológica'.

Las terapias buscan acceder al área cerebral que es necesario organizar a través del sentido que más relación tiene con ella. 'Cuando estimulamos el sentido del oído estamos accediendo al área que está relacionada con él. Así conseguimos crear conexiones que, sumadas a las ya existentes, van a acabar siendo suficientes para que el área funcione con normalidad', agrega. Y entre esas terapias figura el gateo.

Al Instituto Fay acuden personas de todas las edades, aunque mayoritariamente son escolares. 'A cualquier edad, hayas fracasado o no, o estés en ese proceso, se puede organizar el cerebro', destaca Gardeta, que ha tratado a personas de 60 años.

'El fracaso escolar tiene solución', concluye el psicólogo. 'Es el final de un proceso, no el comienzo. Antes han pasado muchas cosas. La experiencia nos dice que los padres piden ayuda cuando el problema se encuentra en una situación avanzada'.

Fuente: Terra

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Polémica por la educación de los niños

Domingo 17 de setiembre de 2006

Temor en Gran Bretaña ante el "asesinato de la infancia"
Psicólogos, maestros y escritores lanzaron una fuerte señal de alerta esta semana

LONDRES.- No se los forzará a subir chimeneas o a cazar ratones para ganarse la subsistencia, pero ser un niño en Gran Bretaña parece ofrecer hoy tantos sinsabores como en la más desalmada época de los cuentos de Dickens. Si en el siglo XIX, el trabajo y la productividad del imperio británico primaban sobre las necesidades de los pequeños, en el XXI, el consumismo y el competitivismo de la vida moderna son culpables del "asesinato de la infancia".

Tales son las líneas generales de un intenso debate iniciado a raíz de una carta enviada esta semana al matutino The Daily Telegraph por 110 maestros, psicólogos, académicos y autores de libros infantiles con dos serias denuncias: los niños británicos "están siendo empujados a la adultez antes de tiempo" y "un cóctel siniestro de comida junk (chatarra), marketing de la sexualidad, juegos electrónicos y una obsesión más por galardones que por aprendizaje en las escuelas" les está "envenenando la vida".

Entre los signatarios figuran los escritores de best sellers infantiles Philip Pullman, Michael Morpurgo y Josephine Wilson, el secretario general de la Asociación Nacional de Rectores, Mick Brookes y la directora del Instituto de Psicología Neuro-Fisiológica, Sally Goddard Blythe.

"Estamos profundamente preocupados por el creciente número de casos de depresión infantil, problemas de conducta y enfermedades del desarrollo. Estamos persuadidos de que esto se debe a la ignorancia tanto por parte de los políticos como del público en general de las realidades y sutilezas del desarrollo infantil", subrayó la misiva.

"Como los cerebros de los niños están todavía en desarrollo, ellos no pueden ajustarse, como los adultos, a los cada vez más rápidos cambios tecnológicos y culturales. Los chicos necesitan lo que todo ser humano en crecimiento requiere: comida fresca y poco procesada, en lugar de comida chatarra; juegos concretos y no entretenimientos sedentarios frente a una pantalla; experiencias de primera mano del mundo en el cual viven y relaciones con adultos de piel y hueso, no virtuales".

"También necesitan tiempo. En una veloz y ultracompetitiva cultura como la nuestra se espera que los chicos ingresen en la escuela a una edad cada vez más temprana y que pasen por una batería de exámenes desde el nivel primario. Las fuerzas del mercado los empujan, además, a actuar y vestir como miniadultos y los exponen mediante la vía electrónica a contenidos que hasta hace poco se habría considerado inaceptables."

La carta fue puesta en circulación por Sue Palmer, una ex directora de escuela primaria y autora del libro Toxic Childhood (Infancia Tóxica) y por el doctor Richard House, profesor del Centro de Investigaciones para la Terapéutica Educativa de la Universidad de Roehampton.

Lo hicieron en reacción a los resultados de un estudio del profesor Michael Shayer, de King s College, universidad de Londres, el cual reveló que el promedio de los niños británicos de 11 años , por más que hablan y se visten como adolescentes, tienen un nivel cognitivo de entre dos y tres años más atrás del esperado.

"Este dato nos horrorizó -explicó Palmer-. Lejos de hacerlos madurar, la obsesión de nuestra sociedad por quemar etapas está retrasando el desarrollo intelectual de nuestros niños".

Jacqueline Wilson, una de las autoras de cuentos infantiles que más libros vende en el Reino Unido, se sumó a la campaña motivada por experiencia propia: "A veces, cuando salgo a firmar libros, algunos chicos me piden que les hable del oficio de escribir. Cuando les digo que es un poco como jugar con la imaginación, me miran con el rostro impávido. No tienen idea de qué les estoy hablando".

Lejos del aire libre

La ausencia de creatividad intelectual, estima su colega Michael Morpurgo, es un síntoma más de una sociedad signada por el miedo: "En el mundo desarrollado estamos pasando por una de las eras más seguras para la niñez . La mortalidad infantil es relativamente baja. Son raros los casos de muerte accidental. Pero seguimos angustiados por su seguridad. Por eso es que los preferimos sentados frente a una computadora en el living que construyendo castillos en el aire en la plaza más cercana".

Paradójicamente, la ausencia de actividades al aire libre reduce la capacidad de los niños para medir riesgos, tomar decisiones y evitar peligros. También afecta sus habilidades para trabar amistades, operar en grupo y resolver conflictos. La British Medical Association (Asociación Médica Británica) reveló en junio último que 1 de cada 10 menores de 16 años británicos sufre desórdenes mentales. Cerca de 1,1 millón de niños padecen de depresión, anorexia, bulimia, hiperactividad, enojo excesivo y han dado muestras de tendencia al suicidio.

Otro dato se suma para confirmar el "asesinato de la infancia": Gran Bretaña es el país con el índice más alto de madres adolescentes en el mundo occidental: uno de cada diez nacidos son hijos de una madre de menos de 16 años, en su mayoría solteras. Y esto ocurre tanto en barrios ricos como pobres, en un país donde se permite el aborto y la "píldora del día después" se vende libremente en las farmacias.

El primer ministro Tony Blair dijo que este "drama nacional" cuesta al Estado un promedio de 100.000 dólares por cada embarazo, pero admitió sentirse impotente para revertir la tendencia porque el problema "va más allá de una cuestión de presupuestos y discursos políticos para requerir un compromiso de toda la sociedad".

Adiós a la inocencia

En esto coincide con la asociación de protección infantil ChildLine,que recibe a diario cientos de miles de llamadas telefónicas de niños con problemas. A raíz de lo que ven a través de la publicidad y la televisión, chicos de hasta 12 años de edad dicen sentirse presionados a iniciarse en la vida sexual.

"Cuando no pueden hacerlo porque no están maduros biológica o emocionalmente, algunos recurren al alcohol y a las drogas para darse coraje. Es así como terminan con enfermedades venéreas y embarazos no deseados", explicó su directora, Anne Houston.

Lejos de ser el período dorado de la vida, la niñez parece haberse convertido en algo por superar. "Cuando los vestimos y tratamos como adultos, el mensaje para los chicos es claro: crecé lo más rápido posible -destacó Morpurgo, autor de 110 libros infantiles -. Estamos desvalorizando tanto a la niñez que pronto vamos a encontrarnos con una sociedad donde valores como la inocencia y la creatividad no van a tener más cabida."

Por Graciela Iglesias
Para LA NACION

Fuente: La Nación

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